CONTENIDO DE LAS SALAS
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Sala II:
Arte emiral y califal
En esta sala se muestran objetos diversos pertenecientes a los primeros años de la presencia musulmana en la Península Ibérica (siglos VIII al X). Esta etapa inicial se divide en dos grandes períodos: Emiral y Califal. El período Emiral recibe su nombre de la formación política que gobernaba Al-Andalus: dependiente del califato de Damasco hasta que Abd al-Rahmán I (755-822) sentó las bases de una estructura estatal propia. El período Califal se inicia cuando Abd al-Rahmán III (891-916) instauró un califato independiente con capital en Córdoba. El Califal es el momento de máximo esplendor del arte, la ciencia y la cultura hispanomusulmanas.
La pila califal de dar al-Naura testimonia el grado de evolución técnica alcanzado en el arte califal, así como en el plano estilístico muestra el desarrollo de un sistema figurativo propio a partir de temas clásicos. Por otra parte, es un ejemplo destacado de la importancia que el agua como elemento ritual y simbólico tuvo en la cultura islámica.
Sala III:
Del arte califal al nazarí
Cronológicamente abarca desde el siglo X hasta el XIII, cuando comienza el periodo nazarí. A la descomposición del Califato de Córdoba siguió un período de fragmentación política en numerosos estados independientes (Taifas), seguidos de intentos de restauración con la llegada de los almorávides y de los almohades. Paralelamente se produjo el avance de los reinos cristianos, hasta quedar reducida la presencia estatal islámica al reino de Granada, cuya dinastía gobernante, la nazarí, dio nombre al período. En la época nazarí se consumó la evolución artística hispanomusulmana, alcanzando una personalidad propia fruto de la síntesis feliz de numerosas tradiciones figurativas, tanto orientales y musulmanas como occidentales y cristianas.
En esta sala se sigue muy bien la evolución formal de estos períodos, con muestras destacadas como la pila de Almanzor y otros elementos arquitectónicos y cerámicos. También se conserva un conjunto de objetos de bronce (mortero, perfumador, brasero) que dan una buena idea de lo que era el ambiente doméstico, aunque su factura no sea popular. Así el brasero nos indica cómo se resolvía el problema de la calefacción en el interior de los espacios habitables en un clima como el granadino.
Sala IV:
Arte nazarí. Edificios públicos
Alberga restos arquitectónicos procedentes, en su mayoría, de edificios granadinos contemporáneos de las construcciones de la Alhambra, como unas gorroneras de la Casa del Chapiz. En época nazarí, Granada contaba con numerosas fundaciones o inmuebles propiedad del sultán, que conformaban una red de equipamientos públicos: Madraza (universidad), alhóndigas, alcaicería, mezquitas, etc.
Entre ellos se encontraba el Maristán u hospital (empalzado al pie del Albaicín), del que se exhiben aquí su lápida fundacional (1365-1367, bajo el reinado de Muhammad V), en mármol blanco y con forma de arco de herradura, y los dos leones surtidores con forma de animal, en especial de leones, fueron frecuentes en el arte hispanomusulmán.
Los poetas los alabaron en sus composiciones, así Ibn Hamdis dijo a propósito de los que había en un palacio norteafricano: Valientes leones habitan la guarida de los jefes, / y dejan el susurro del agua como rugidos.
Sala V:
Arte nazarí. La Alhambra y la arquitectura palaciega
En esta sala se puede contemplar un completo repertorio del mobiliario decorativo de la propia Alhambra. No se puede entender la arquitectura palaciega musulmana sin los elementos decorativos que constituían el marco apropiado para la vida cortesana. Como se dice en los versos de una de la hornacinas de la antesala de Comares: el sultán es el sol de este orbe en esplendor y belleza. El soberano era el centro de un universo deslumbrante por su riqueza, que era su propio palacio. Por ello, todos los enseres y objetos que amueblaban sus habitaciones eran producto de técnicas muy refinadas, como se comprueba en las distintas muestras de carpintería y revestimientos cerámicos aquí expuestas.
Entre los objetos de la sala sobresale el célebre Jarrón de las Gacelas. Es una de las piezas cumbres de la cerámica nazarí, decorado con temas epigráficos (un poema), vegetales y figurativos: una pareja de gacelas muy estilizadas, símbolo de la belleza.
Sala VI:
Arte nazarí. La Alhambra: cultura material
Esta sala muestra piezas relacionadas directamente con la Alhambra. Comprende desde elementos arquitectónicos o mobiliarios que formaron parte de sus palacios hasta lápidas sepulcrales del cementerio real (Rauda). Asimismo se exhibe una réplica de la lámpara de Muhammad III, que con sus dos filas de brazos en donde encajaban vasos de cristal servía para iluminar las estancias.
En diferentes vitrinas se presenta un ejemplo de la rica vajilla utilizada en el palacio. Todo ello nos habla de la cultura material cortesana nazarí, como la magnifica pieza de cerámica que representa a un bebedor, que constituye un complemento indispensable para comprender cómo era la vida en los palacios, de los que ahora vemos sólo sus espacios desnudos.
Sala VII:
Arte nazarí. La Alhambra: cultura material
Continúa en esta sala la exhibición de muestras de la cultura material nazarí. Aquí hay paneles de yeso que servían para revestir los muros, ejemplos de carpintería, tanto de techumbres como de cerramientos, vajilla doméstica de factura popular y juguetes. Estos últimos documentan pese a su humildad un aspecto importante de la vida social, el papel del niño y del juego en la comunidad. Se fabricaban con motivo de la celebración del año nuevo y también de otras festividades. Los hay que representan animales muy esquemáticos, silbatos y réplicas en miniatura de ajuar doméstico.
Acoge muestras representativas de la religión, la ciencia y la economía,
tres aspectos cardinales de la civilización islámica. La Fe
está representada por dos bellos coranes. El Corán es el texto
sagrado del Islam, que contiene la revelación de Dios al Profeta Mahoma,
y, además, un conjunto de preceptos que abarcan todos los órdenes
de la vida social, desde códigos de conducta hasta principios de Derecho.
La importancia del Libro como vehículo de la palabra sagrada explica
el tratamiento formal de la escritura, que alcanzó en la cultura islámica,
a través de las inscripciones (epigrafía) un desarrollo artístico
particular, integrándose con el resto de motivos ornamentales en la
decoración de edificios y objetos.

La ciencia islámica heredó el saber de las culturas antiguas del Mediterráneo y las transmitió al Occidente cristiano. Como ejemplo de instrumento científico se exhibe un cuadrante solar horizontal que servía para calcular las horas, por la importancia que en la jornada del musulmán tiene la oración diurna. Por último la economía está representada por una selección de piezas del monetario del museo. La importancia de la moneda es enorme, pues al incorporar la fecha es de gran utilidad para datar la evolución histórica.